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Cuello Rígido y malas posturas

El cuello rígido es una condición que muchos experimentan en algún momento de sus vidas. El estrés, la mala postura y las lesiones son algunas de sus causas más comunes para desencadenar el dolor de espalda. En la mayoría de los casos, los síntomas se aliviarán con un suave masaje o con un poco de reposo. Sin embargo, en otros casos un cuello duro se convierte en una preocupación diaria que deriva en incomodidad y en muchos inconvenientes. Si la condición persiste, se recomienda hacer un examen médico completo debido a que el cuello duro puede ser la primera señal de una enfermedad seria.

Si la rigidez se debe a tensión muscular, el primer curso de acción es, en general, tomar analgésicos o calmantes. Pero estos no deben considerarse como una solución a largo plazo, pues enmascaran el problema y no abordan su causa. El masaje, ya sea administrado a uno mismo, por otra persona o por un profesional, es otra opción. Aporta el tan necesario alivio a quien sufre dolor pero, nuevamente, si la causa no es abordada, el alivio sólo será temporal.

El tratamiento más popular recomienda ejercicios para el cuello. La visión convencional es de debilidad muscular o desbalance como causas del dolor o del endurecimiento. Los ejercicios del cuello brindarán a quien sufra de dolor un intento de corregir el problema percibido.

Sin embargo, incluso este abordaje tiene sus limitaciones y no avanza demasiado en abordar las causas de raíz del cuello endurecido. En mi experiencia como enseñador de movimientos y posturas, la acción más útil para quien sufre de dolor por largo tiempo es la re-educación. Si hay un desbalance o una debilidad muscular, los malos hábitos son usualmente los culpables. Estos hábitos pueden desarrollarse mientras se compensa por la lesión, manteniendo al cuello en la posición menos dolorosa posible; sea en largos períodos sentado en el escritorio o en la común respuesta de estrés de tensionar el cuello y los hombros. Una vez que se haya aprendido el hábito será difícil que el paciente haga otra cosa, pues el hábito se sentirá correcto y bien.

Los ejercicios pueden empeorar la condición, debido a que el paciente hará los ejercicios con malos hábitos. Las mejores intenciones del terapeuta serán deshechas una vez que el paciente regrese a casa y lleve a cabo los ejercicios sin supervisión. La repetición de los ejercicios ejecutados de mala manera sólo reforzarán los malos hábitos.

La re-educación conlleva guiar la paciente de regreso a las bases del movimiento. Estos movimientos inicialmente se sentirán mal, pues son muy diferentes a las sensaciones diarias asociadas a girar la cabeza o incluso a mantener el cuello en posición. La tensión se ha convertido en un hábito, y los pacientes suelen sostenerla incluso al estar sentados, sin saberlo. Hasta que el paciente vuelva a aprender cómo puede posicionarse naturalmente el cuerpo nuevamente, todo intento de fortalecer o rebalancear los músculos complicará los patrones habituales de movimiento existentes.

En lugar de hacer ejercicios, quien sufra de cuello endurecido puede aprender cómo moverse y balancearse con menos tensión, y a acondicionar sus músculos practicando tareas diarias sin la necesidad de ejercicios. He visto este abordaje funcionar una y otra vez, mientras que los ejercicios convencionales les han fallado a los pacientes.